Antes de que pudiera preguntarle algo más, la llamada terminó.
Informé inmediatamente a Patricia.
Me pidió que no intentara comunicarme nuevamente con aquel número.
Las afirmaciones de Verónica tendrían que comprobarse.
Pero la posibilidad era aterradora.
Ricardo no parecía haber actuado por impulso.
Había planeado controlar a nuestra hija.
El dinero.
Y mi credibilidad.
Y si yo me oponía, intentaría presentarme como una madre incapaz de protegerla.
Tres días después, Sofía salió del hospital.
Los médicos habían documentado sus lesiones y encontrado evidencia de exposición a una sustancia sedante, aunque no todos los detalles de los episodios anteriores podían reconstruirse con certeza.
Su tratamiento incluía revisiones médicas y atención especializada para el trauma infantil.
Las medidas de protección restringían el contacto de Ricardo con nosotras.
Mi tía Teresa preparó una habitación con sábanas limpias, una lámpara de noche y los cuentos favoritos de Sofía.