MI HIJA DE SIETE AÑOS REGRESÓ CUATRO VECES A CASA SIN CONOCIMIENTO. MI ESPOSO DECÍA QUE YO EXAGERABA… HASTA QUE UNA GRABACIÓN OCULTA REVELÓ LO QUE ÉL LE HACÍA A NUESTRA PEQUEÑA PARA APODERARSE DE SU HERENCIA.

Pero algo comenzaba a quedar claro.

La pregunta ya no era si Ricardo me había traicionado.

La pregunta era hasta dónde había estado dispuesto a llegar.

A la mañana siguiente, una trabajadora social del hospital me ayudó a organizar un lugar seguro para Sofía y para mí.

Se estaban gestionando medidas de protección.

También me recomendaron no regresar sola a nuestra casa.

Llamé a mi tía Teresa, que vivía en San Pedro Garza García.

Contestó casi inmediatamente.

—¿Elena? ¿Todo bien?

Intenté hablar.

No pude.

—¿Qué pasa, hija?

—¿Sofía y yo podemos quedarnos contigo?

—Por supuesto.

Mi voz se quebró.

—Le pasó algo muy malo.

Mi tía no exigió explicaciones.

—Dime dónde estás.

Cuarenta minutos después entró a la sala de espera.

Bastó que me viera la cara para abrazarme.

Lloré contra su hombro.

—Debí hacer algo antes.

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