Después de salir de la cárcel, no tenía adónde ir. Entonces, una mujer mayor me contrató. Me preguntó: «¿Por qué estuviste en la cárcel?». Y luego…

No le preguntaba únicamente qué había hecho en el pasado.

Le preguntaba qué quería construir en el futuro.

Porque yo sabía lo que significaba que el mundo te juzgara por tu peor momento.

Y sabía también que una persona no debería perder para siempre la posibilidad de empezar de nuevo.

Aquella noche, antes de acostarme, miré una fotografía que tenía sobre la mesita.

Era una imagen de Opal y yo delante de nuestra empresa.

Debajo había una pequeña frase escrita a mano:

«La vida puede quitarte muchas cosas, pero nunca permitas que te quite la esperanza».

Sonreí.

Por fin había entendido algo.

Había pasado años intentando demostrar que no era una criminal, que no era una ladrona y que no era la mujer que mi marido había descrito ante un tribunal.

Pero ya no necesitaba vivir intentando convencer a los demás.

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