Me llamó.
Su nombre apareció en la pantalla.
Contesté mientras Russell escuchaba desde el otro lado de la habitación.
—¿Qué quieres, Trevor?
Su voz sonaba tranquila.
Demasiado tranquila.
—Tenemos que hablar.
—Ya hemos hablado demasiado.
—Rebecca, puedo explicártelo todo.
Solté una pequeña risa amarga.
—Tuviste cuatro años para explicarlo.
—Cometí errores.
—No. Cometiste delitos. Y me dejaste pagar por ellos.
Guardó silencio.
Después dijo:
—Puedo devolverte la empresa. Puedo darte dinero. Podemos empezar de nuevo.
—¿Empezar de nuevo?
—Sí.
Miré a Russell.
Él hizo un gesto para que continuara.
—¿Y qué pasa con mi padre?
Trevor tardó unos segundos en responder.
—No sabes de lo que estás hablando.
—Sé que mi padre descubrió vuestro fraude. Sé que intentó denunciaros. Y sé que tú y Monika utilizasteis mi firma para robar mi empresa.
—Tu hermana no te ha contado toda la historia.
—Entonces cuéntamela tú.