—¿Y decidiste enviar a tu propia hermana a la cárcel?
—Tenía miedo.
—¡Yo también tenía miedo! —exclamé—. ¡Tenía miedo cada vez que me despertaba en aquella celda! ¡Tenía miedo cuando nadie respondía a mis cartas! ¡Tenía miedo cuando salí y no tenía ni siquiera un lugar donde dormir!
Monika empezó a llorar.
—Lo sé.
—No. No lo sabes.
Me miró.
—Trevor me dijo que solo necesitaba que confirmara unas transferencias. Después me aseguró que, cuando te condenaran, podría recuperar la empresa y pagarme mi parte.
—¿Mi parte?
—Me prometió una cantidad de dinero. Y me dio el reloj de papá.
Miré su muñeca vacía.
—¿Por qué llevabas el reloj?
—Porque decía que nuestro padre habría querido que yo tuviera algo suyo.
Sentí una mezcla de rabia y tristeza.
—No vuelvas a utilizar a nuestro padre para justificar lo que hiciste.