Los detectives se miraron de nuevo.
Finalmente, uno de ellos cerró su carpeta.
—Por ahora no procederemos con la detención. Pero necesitamos que todos colaboren con la investigación.
Cuando se marcharon, me dejé caer en el sofá.
Había estado a punto de volver a prisión.
Russell se sentó frente a mí.
—Rebecca, tenemos que hablar de la memoria USB.
Miré a Opal.
Ella asintió.
—Es hora de que sepas toda la verdad.
El secreto de nuestros padres
Aquella tarde, Russell conectó la memoria USB a su ordenador.
Había decenas de archivos.
Extractos bancarios, fotografías, contratos y grabaciones de audio.
El primer documento estaba fechado doce años atrás.
Era un acuerdo entre tres personas:
Arthur Hargrove.
Mi padre, Richard Hale.
Y un hombre llamado Daniel Foster.
Según los documentos, los tres habían participado inicialmente en un proyecto de distribución de material médico.