No era Russell.
No era Monika.
Era un hombre cuya voz escuché desde el otro lado de la puerta:
—Señora Hargrove, soy el detective Collins. Necesitamos hablar con Rebecca Hale. Tenemos una orden de detención.
Me quedé paralizada.
Después de todo lo que había sufrido, alguien estaba intentando devolverme a prisión.
Pero esta vez no iba a huir.
Porque acababa de descubrir que mi condena no había sido el principio de la historia.
Había sido solamente una parte de un secreto que llevaba décadas enterrado.
CONTINUARÁ…
PARTE 3: LA VERDAD QUE DESTRUYÓ A MI FAMILIA Y EL FINAL QUE NADIE ESPERABA
—¡Rebecca Hale! ¡Abra la puerta inmediatamente!
La voz del detective resonó por toda la casa.
Opal me agarró de la mano.
—Escúchame bien. Pase lo que pase, no firmes nada y no respondas a ninguna pregunta sin tu abogado.
—¿Qué está pasando? ¿Por qué la policía viene a detenerme otra vez?