—No es mi intención.
La observé durante varios segundos.
Finalmente dije:
—Entonces haga lo correcto sin exigir nada a cambio.
Eleanor levantó la mirada.
—¿Qué significa eso?
—Que si desea reparar parte del daño económico, puede hacerlo mediante los procedimientos legales adecuados. Pero mis hijos decidirán si quieren tener una relación con usted.
Eleanor asintió lentamente.
—Lo acepto.
Cuando regresamos a la biblioteca, Grayson estaba sentado frente a los niños.
No intentaba abrazarlos.
Simplemente escuchaba.
Caleb le estaba explicando cómo funcionaba un modelo de helicóptero que había construido.
Aiden le hacía preguntas sobre su trabajo militar.
Nora permanecía cerca de la ventana.
Elise dibujaba en una libreta.
Por primera vez, Grayson parecía comprender que aquellos cuatro niños no eran una sorpresa preparada para humillarlo.
Eran personas.
Con gustos.
Con preguntas.
Con recuerdos en los que él no aparecía.