Aiden bajó primero.
Después Caleb.
Nora.
Y finalmente Elise.
Los cuatro se colocaron a mi lado.
Grayson se quedó completamente inmóvil.
Su mirada pasó de un niño a otro.
Todos tenían sus ojos.
Su nariz.
Su barbilla.
La misma expresión seria que él ponía cuando estaba confundido.
—¿Quiénes son? —preguntó.
Respiré profundamente.
—Tus hijos.
El silencio fue absoluto.
Grayson retrocedió un paso.
—Eso es imposible.
Aiden lo observó fijamente.
—Hola.
Mi exesposo parecía haber olvidado cómo respirar.
—¿Cuántos…?
—Cuatro —respondí—. Dos niños y dos niñas.
Grayson se llevó una mano a la frente.
—No me dijiste que eran cuatro.
Sentí una punzada de rabia.
—Intenté decírtelo. Pero cambiaste tu número y desapareciste.
Él negó.
—No recibí nada.
Antes de que pudiera responder, una voz sonó desde la puerta.
—Porque yo me aseguré de que no lo recibieras.