Yo empecé a visitarla con frecuencia.
La llevaba al parque.
Le leía cuentos.
Aprendí que odiaba los chícharos, que adoraba los dinosaurios y que siempre dormía abrazada a un conejo de peluche.
Descubrí cinco años de pequeños detalles que nadie podría devolverme.
Pero también comprendí que todavía teníamos toda una vida por delante.
Finalmente, con el acompañamiento de especialistas y un acuerdo legal aprobado por las autoridades competentes, establecimos una nueva organización familiar.
Ellie comenzó a pasar cada vez más tiempo conmigo, hasta que pudo vivir en mi casa de manera estable.
Nora y Tom conservaron un lugar fundamental en su vida y un régimen de convivencia acordado.
No fue sencillo.
Hubo lágrimas.
Conversaciones difíciles.
Y momentos en los que todos tuvimos miedo.
Pero nunca convertimos a Ellie en una recompensa que alguien debía ganar.