La recepcionista llamó antes de dejarla subir.
—Hay una señora aquí exigiendo verla.
Mariana sonrió.
—Déjela pasar.
***
Eleanor entró sin tocar.
—¿Qué clase de juego es este?
Mariana continuó revisando documentos.
—Buenos días para usted también.
—¡No me hables así!
Golpeó el escritorio.
—Mi seguro médico fue suspendido.
—No.
Mariana levantó la vista.
—Fue transferido. Ahora el responsable es su hijo.
—Daniel no sabe manejar esas cosas.
—Entonces es un excelente momento para que aprenda.
Eleanor parecía incapaz de creer lo que escuchaba.
***
Durante años había asumido que Mariana siempre estaría allí.
Siempre disponible.
Siempre responsable.
Siempre sacrificándose.
Y ahora descubría una verdad incómoda.
Nunca tuvo autoridad.
Solo tuvo acceso a la generosidad de otra persona.
***
—Después de todo lo que hice por ti.
Mariana casi se rio.
—¿Qué hizo exactamente por mí?
Eleanor abrió la boca.