Mi suegra me afeitó la cabeza mientras dormía…

—Mariana…

Por primera vez sonó nervioso.

—Mamá necesita sus medicamentos.

—Entonces puedes comprárselos.

—No tengo ese dinero disponible ahora mismo.

Aquello casi la hizo reír.

Porque finalmente había dicho la verdad.

No tenía ese dinero.

Nunca lo había tenido.

Siempre había sido ella.

***

Daniel se dejó caer en una silla.

—Estás exagerando.

—¿En serio?

—Mamá cometió un error.

—Me afeitó la cabeza mientras dormía.

—Ya te disculpará.

Mariana lo observó.

Largamente.

—No entiendes nada.

—Claro que entiendo.

—No.

Sacudió la cabeza.

—Tú crees que el problema es el cabello.

Pero el problema es que ninguno de los dos pensó que habría consecuencias.

El silencio cayó entre ellos.

Pesado.

Incómodo.

Inevitable.

***

Entonces Mariana deslizó un último documento sobre la mesa.

Daniel lo tomó.

Lo leyó.

Y palideció.

Era una solicitud formal de separación.

Firmada.

Preparada.

Lista para presentarse.

—¿Hablas en serio?

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