Y también entendía algo más.
Ella era la única cosa que separaba a esas dos personas de las consecuencias.
Y estaba a punto de apartarse.
Y estaba a punto de apartarse.
A la mañana siguiente, Mariana se despertó antes que todos.
Como siempre.
Pero aquella mañana era diferente.
No preparó café.
No revisó la lista de medicamentos de Eleanor.
No dejó el desayuno listo para Daniel.
Simplemente se vistió.
Traje azul marino.
Zapatos negros.
Pendientes discretos.
La apariencia de una mujer que tenía una reunión importante.
Porque la tenía.
Bajó las escaleras.
Eleanor ya estaba sentada en la cocina.
Esperando.
Con expresión triunfante.
—Bien. Ya preparé una lista de cosas que tendrás que hacer cuando dejes ese empleo.
Mariana tomó una botella de agua del refrigerador.
Ni siquiera miró el papel.
—Perfecto.
Eleanor sonrió.
—Sabía que entrarías en razón.