DESPUÉS DE QUEDAR VIUDA, ME ENAMORÉ DE UN HOMBRE QUE NUNCA ME PERMITÍA VISITAR SU CASA. MI HIJO ASEGURABA QUE SÓLO QUERÍA QUITARME EL DINERO DEL SEGURO DE MI ESPOSO. UN DÍA FUI A BUSCARLO SIN AVISAR Y ENCONTRÉ SU COCHERA ABIERTA. LO QUE DESCUBRÍ ADENTRO ME HIZO LLORAR.

Miró a Julián.

Después los estados de cuenta.

Y finalmente el reloj.

—Ay, Julián —murmuró.

Sólo eso.

Mi hijo se levantó.

Tomó las llaves de su camioneta.

Y caminó hacia la puerta.

—Necesito salir.

No intenté detenerlo.

Lo escuché encender el motor.

Después se marchó.

El reloj quedó sobre la mesa.

No sé si lo olvidó.

O si lo dejó intencionalmente.

Durante varios segundos nadie habló.

La puerta de entrada había quedado abierta.

Entraba aire frío.

Patricia fue a cerrarla.

Después regresó.

Se sentó junto a mí.

Y colocó una mano sobre la mía.

—Mercedes, come algo.

La miré.

Quise decirle que no tenía hambre.

Pero comprendí que no sabía qué otra cosa hacer.

Así que tomé el tenedor.

Y comí un poco.

Aquella noche no dormí.

Me quedé sentada en la sala.

En el sillón de Ricardo.

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