Julián comentó que el tráfico estaba terrible.
Todo parecía una cena normal.
Hasta que dejé mi tenedor sobre el plato.
—Julián, ¿qué es Inversiones JLC?
Mi hijo no dejó caer el vaso.
No se sobresaltó.
Simplemente me miró y sonrió.
Era la misma sonrisa que utilizaba cuando era adolescente y yo descubría que había hecho algo indebido.
—Es una cuenta de inversión, mamá.
—¿De quién?
—Tuya.
—¿Por qué aparece a nombre de una empresa con tus iniciales?
Julián miró a Ernesto.
—¿Él te dijo que preguntaras eso?
—No.
Saqué los estados de cuenta.
Los coloqué sobre la mesa.
—Estos documentos me lo dijeron.
Carolina dejó su vaso.
—¿Qué está pasando?
Señalé las transferencias.
—Durante dos años salieron tres mil ochocientos dólares mensuales de mi cuenta.
Julián se enderezó.
—Es dinero que estoy invirtiendo para ti.
—¿Dónde?