—Es una carta que le escribí a Julián hace unas semanas.
—¿Para qué?
Guardó silencio.
Miró hacia la rampa.
Después hacia mí.
—Quería pedirle algo.
—¿Qué cosa?
Respiró profundamente.
—Quería pedirle que me ayudara a preparar una sorpresa para Navidad.
Sentí que las piernas me temblaban.
Había una silla junto a la mesa.
Me senté.
Era firme.
Tenía una altura cómoda para mis rodillas.
Por supuesto.
Ernesto había pensado incluso en eso.
—¿Qué sorpresa? —pregunté.
Se sentó frente a mí.
—Quería preguntarle si usted estaría dispuesta a compartir conmigo los años que nos queden.
Me quedé mirándolo.
No supe qué decir.
Él bajó la cabeza.
—Sé que todavía extraña a Ricardo. Yo también extraño a mi esposa. No quería apresurar nada.
Miré alrededor.
—¿Usted hizo todo esto?
Asintió.
—La mayor parte.
—¿Por qué nunca me lo contó?