La pregunta sobre su estatura.
Miré hacia el banco de trabajo.
Había varias latas de pintura.
Todas del mismo tono amarillo.
Una tenía una pequeña muestra pintada sobre la tapa.
Era exactamente el color que yo había descrito.
El amarillo suave de la cocina de mi infancia.
Sentí que los ojos se me llenaban de lágrimas.
La puerta que comunicaba con la casa estaba entreabierta.
Subí lentamente por la rampa.
Apoyé ambas manos en los pasamanos.
No necesitaba ayuda.
Cada paso parecía más sencillo que el anterior.
Cuando llegué arriba, empujé la puerta.
Y vi la cocina.
Las paredes eran amarillas.
Los gabinetes, blancos.
Había una ventana sobre el fregadero.
Y detrás se veía un nogal.
Por un instante sentí que había regresado a la casa donde crecí.
La misma luz.
Los mismos colores.
La misma sensación de tranquilidad.