EL NOVIO DE MI MADRE DE 72 AÑOS SIEMPRE SE IBA ANTES DE LAS 7:30 DE LA NOCHE, Y TODOS CREÍAMOS QUE TENÍA OTRA MUJER. PERO UNA NOCHE MI HIJA DE 15 AÑOS LO SIGUIÓ Y REGRESÓ LLORANDO, CON SU VIEJO MALETÍN ENTRE LOS BRAZOS. CUANDO LO ABRIMOS, MI MADRE SE LLEVÓ LAS MANOS A LA BOCA. ENTONCES MI HIJA SUSURRÓ: «ABUELITA, ESO NO ES LO PEOR. VI A QUIÉN LE LLEVA ESTAS COSAS TODAS LAS NOCHES».

—Ese hombre tiene otra mujer.

—No lo sabemos.

—Mariana, tengo sesenta y ocho años. No necesito que alguien me explique cómo se comporta un hombre cuando esconde algo.

Yo no quería creerlo.

Pero empecé a observarlo con más atención.

Llegó el cumpleaños de mi madre.

Organizamos una cena pequeña en su casa.

Estaríamos mi madre, Camila, mi tía Rosa, Roberto y yo.

Compramos flores.

Decoramos la mesa.

Preparamos mole poblano, arroz y ensalada.

Mi madre hizo personalmente un pay de chocolate.

Era el postre favorito de Roberto.

Pasó toda la tarde en la cocina.

Cuando le pregunté por qué se esforzaba tanto, sonrió.

—Porque quiero que tenga una noche bonita.

Aquella respuesta me dolió.

Mi madre estaba enamorada.

Y yo tenía miedo de que alguien volviera a romperle el corazón.

Roberto llegó a las seis.

Traía un ramo de rosas rojas y una caja pequeña.

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