EL NOVIO DE MI MADRE DE 72 AÑOS SIEMPRE SE IBA ANTES DE LAS 7:30 DE LA NOCHE, Y TODOS CREÍAMOS QUE TENÍA OTRA MUJER. PERO UNA NOCHE MI HIJA DE 15 AÑOS LO SIGUIÓ Y REGRESÓ LLORANDO, CON SU VIEJO MALETÍN ENTRE LOS BRAZOS. CUANDO LO ABRIMOS, MI MADRE SE LLEVÓ LAS MANOS A LA BOCA. ENTONCES MI HIJA SUSURRÓ: «ABUELITA, ESO NO ES LO PEOR. VI A QUIÉN LE LLEVA ESTAS COSAS TODAS LAS NOCHES».

Las excusas cambiaban.

Una noche decía:

—Tengo que hablar con un cliente que vive en otro país.

Otra:

—Un vecino necesita que lo ayude con una reparación.

Y otra:

—Quedé de recibir a una persona en mi casa.

Mi madre aceptaba todas sus explicaciones.

Yo no.

Una tarde le pregunté:

—Mamá, ¿no te parece raro?

Ella levantó la mirada de sus plantas.

—¿Qué cosa?

—Que Roberto siempre tenga algo que hacer exactamente a la misma hora.

Suspiró.

—Es un hombre ocupado, Mariana.

—Pero nunca se queda a cenar tranquilamente.

—Sí cena con nosotros.

—Sabes a qué me refiero.

Mi madre dejó las tijeras de jardinería sobre la mesa.

—Hija, después de tantos años sola, por fin encontré a alguien que me hace feliz. No quiero pasarme el tiempo buscando razones para desconfiar.

Sus palabras me hicieron sentir culpable.

Pero mis dudas no desaparecieron.

Había otro detalle.

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