Camila le enseñaba a hacer figuras con papel.
Me senté junto a mamá.
Durante unos minutos observamos la escena en silencio.
Después le dije:
—¿Te acuerdas cuando pensábamos que Roberto tenía otra mujer?
Mi madre soltó una carcajada.
—Cómo olvidarlo.
Bajé la mirada.
—Me siento mal por haber desconfiado tanto de él.
Mi madre me tomó la mano.
—Querías protegerme.
—Pero estaba equivocada.
Ella asintió.
—Sí, hija. A veces nos equivocamos porque creemos conocer toda una historia cuando solamente hemos visto una parte.
Miró hacia Roberto.
—Lo importante es lo que hacemos cuando descubrimos la verdad.
Me quedé pensando en sus palabras.
Aquella noche nos quedamos a cenar.
Roberto preparó café.
Mi madre sirvió pastel.
Lucía contó una historia larguísima sobre un dragón que quería aprender a cultivar rosas.
Todos nos reímos.
Y cuando llegó la hora de dormir, la niña apareció en la sala con su viejo libro azul entre las manos.