EL NOVIO DE MI MADRE DE 72 AÑOS SIEMPRE SE IBA ANTES DE LAS 7:30 DE LA NOCHE, Y TODOS CREÍAMOS QUE TENÍA OTRA MUJER. PERO UNA NOCHE MI HIJA DE 15 AÑOS LO SIGUIÓ Y REGRESÓ LLORANDO, CON SU VIEJO MALETÍN ENTRE LOS BRAZOS. CUANDO LO ABRIMOS, MI MADRE SE LLEVÓ LAS MANOS A LA BOCA. ENTONCES MI HIJA SUSURRÓ: «ABUELITA, ESO NO ES LO PEOR. VI A QUIÉN LE LLEVA ESTAS COSAS TODAS LAS NOCHES».

Yo lo ayudaba con trámites y citas médicas.

Y Camila encontró una nueva razón para esforzarse en la escuela.

Una tarde mi hija llegó con varios libros de ciencias.

—Mamá, quiero aprender más sobre la enfermedad de Lucía.

Me senté a su lado.

—¿Por qué?

—Porque quiero entender lo que le pasa.

Guardó silencio.

Después añadió:

—Y porque algún día quiero ayudar a niños como ella.

La abracé.

Mi hija siempre había dicho que quería estudiar medicina.

Pero hasta entonces lo veía como una profesión interesante.

Ahora había conocido a una niña que convertía cada pequeño avance en una celebración.

Y eso le dio un significado diferente a su sueño.

Lucía y Camila se volvieron inseparables.

Camila le ayudaba a colorear.

Le enseñaba canciones.

Inventaba historias.

Y, por supuesto, seguía haciendo su famosa voz de dragón.

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