EL NOVIO DE MI MADRE DE 72 AÑOS SIEMPRE SE IBA ANTES DE LAS 7:30 DE LA NOCHE, Y TODOS CREÍAMOS QUE TENÍA OTRA MUJER. PERO UNA NOCHE MI HIJA DE 15 AÑOS LO SIGUIÓ Y REGRESÓ LLORANDO, CON SU VIEJO MALETÍN ENTRE LOS BRAZOS. CUANDO LO ABRIMOS, MI MADRE SE LLEVÓ LAS MANOS A LA BOCA. ENTONCES MI HIJA SUSURRÓ: «ABUELITA, ESO NO ES LO PEOR. VI A QUIÉN LE LLEVA ESTAS COSAS TODAS LAS NOCHES».

Roberto levantó la mirada.

—Y precisamente por eso sé que no debemos desperdiciar el tiempo que todavía tenemos.

Mi madre se puso de pie.

Miró el reloj de la cocina.

Eran las siete y cuarenta.

Tomó el maletín.

Lo cerró.

Y se lo entregó a Roberto.

—Levántate.

Él parpadeó.

—¿Qué?

—Ya son las siete y cuarenta. Tu nieta te está esperando.

Roberto se levantó confundido.

—Elena, yo…

Mi madre tomó su bolso.

—Voy contigo.

Se quedó inmóvil.

—¿Qué?

—Que voy contigo al hospital.

Roberto negó lentamente.

—No tienes que hacerlo.

Mi madre lo miró con una expresión que jamás olvidaré.

—Si esa niña necesita tener una certeza cada noche, entonces a partir de hoy va a tener más de una.

Él abrió la boca.

No encontró palabras.

Mi madre continuó:

—Y no vamos a hacerla esperar porque tú estabas demasiado ocupado intentando protegerme de mi propio corazón.

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