Le decía que podía estar presente cuando nos lo contara.
Incluso había intentado convencerla de que permitiera a los médicos comunicarse directamente con nosotros.
PARTE4
EL MEJOR AMIGO DE MI ESPOSO LLEVABA A NUESTRA HIJA DE 16 AÑOS A SUS CLASES DE BALLET TRES VECES POR SEMANA. DE PRONTO, ELLA DEJÓ DE HABLARNOS, ESCONDIÓ SUS ZAPATILLAS Y COMENZÓ A LLORAR A PUERTA CERRADA. UN DÍA FUI A LA ACADEMIA SIN AVISAR Y DESCUBRÍ QUE MI HIJA NO ESTABA ALLÍ. CUANDO SU MAESTRA ME DIJO: «SEÑORA, ¿SU HIJA NO LE HA CONTADO LO QUE ESTÁ PASANDO?», SENTÍ QUE EL MUNDO SE ME VENÍA ENCIMA.
Pero Camila seguía posponiéndolo.
—Yo le decía que mañana —murmuró—. Siempre le decía que mañana.
Entonces recordé la conversación junto al automóvil.
«Me prometiste que ibas a hablar con ella».
Había interpretado aquellas palabras como una señal de algo terrible.