EL MEJOR AMIGO DE MI ESPOSO LLEVABA A NUESTRA HIJA DE 16 AÑOS A SUS CLASES DE BALLET TRES VECES POR SEMANA. DE PRONTO, ELLA DEJÓ DE HABLARNOS, ESCONDIÓ SUS ZAPATILLAS Y COMENZÓ A LLORAR A PUERTA CERRADA. UN DÍA FUI A LA ACADEMIA SIN AVISAR Y DESCUBRÍ QUE MI HIJA NO ESTABA ALLÍ. CUANDO SU MAESTRA ME DIJO: «SEÑORA, ¿SU HIJA NO LE HA CONTADO LO QUE ESTÁ PASANDO?», SENTÍ QUE EL MUNDO SE ME VENÍA ENCIMA.

Y cayó al suelo.

Las alumnas comenzaron a gritar.

La maestra detuvo la música.

Pidieron ayuda inmediatamente.

Y avisaron a los servicios médicos.

Yo estaba en una reunión de trabajo.

Mauricio se encontraba supervisando una obra en una zona donde no tenía señal.

Ninguno respondió las primeras llamadas.

Entonces contactaron a Julián.

Él estaba cerca de la academia.

Llegó rápidamente.

Acompañó a Camila para que recibiera atención médica.

Y permaneció con ella mientras la evaluaban.

Al principio todos pensaron que podía tratarse de agotamiento.

Quizá deshidratación.

O un esfuerzo excesivo.

Pero los médicos consideraron necesario realizar más estudios.

Y los resultados mostraron algo que nadie esperaba.

Un problema en el ritmo de su corazón.

Una arritmia.

Elena me explicó que Camila había recibido indicaciones de suspender el entrenamiento intenso mientras los especialistas completaban su evaluación y definían el tratamiento.

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