Se marcharon una hora después.
Creí que aquello había terminado.
Me equivoqué.
A la mañana siguiente recibí una llamada de una agente inmobiliaria.
—Señor, necesitamos confirmar la visita de los compradores programada para el lunes.
Sentí un escalofrío.
—¿Qué compradores?
La mujer guardó silencio.
—Su propiedad aparece anunciada para venta privada.
Me quedé inmóvil.
—Yo nunca autoricé ninguna venta.
La agente respiró profundamente.
—Entonces debería revisar inmediatamente quién presentó la solicitud.
Llamé a mi abogado, Thomas Bennett.
Dos horas después estábamos examinando documentos.
El anuncio incluía fotografías interiores de mi cabaña.
Fotografías que jamás había publicado.
También aparecía una autorización supuestamente firmada por mí.
Thomas la examinó cuidadosamente.
—Esta firma no coincide con la de sus documentos.
Sentí que el corazón comenzaba a golpearme.
—¿Quién presentó esto?
Thomas levantó lentamente la mirada.