Lo abrí por la primera página.
Era un registro de cuentas escrito a mano. Walter había anotado cantidades, fechas, nombres y breves observaciones.
En una página, una frase aparecía subrayada varias veces:
«La propiedad del lago no debe volver a ponerse a nombre de Beatrice sin resolver primero la deuda pendiente».
Sentí que el corazón me golpeaba el pecho.
La cabaña.
La misma que Walter acababa de dejarle en su testamento.
¿Había olvidado lo que su padre le había advertido?
¿O había otra razón por la que se la había dejado?
Pasé varias páginas.
Entonces encontré una anotación fechada apenas seis meses antes de la muerte de Walter.
«La solución debe estar lista antes de mi partida.
Eleanor no puede quedar expuesta.
Beatrice debe creer que ha ganado».
Levanté la mirada.
—Señor Bennett, ¿qué quiso decir con que Beatrice debía creer que había ganado?