PARTE 2 — LA ÚLTIMAKA RAPALABRA

—No lo hice para que me lo agradecieras.

—Lo sé. Por eso nunca lo olvidaré.

Harper miró las luces de la casa.

—Ethan no necesitaba que alguien le prometiera que nada malo volvería a ocurrir. Necesitaba que alguien se quedara con él cuando tenía miedo.

Roman asintió.

—Y tú te quedaste.

—Sí.

Él respiró profundamente.

—Gracias, Harper.

Esta vez, ella aceptó las palabras sin intentar restarles importancia.

—De nada, Roman.

Antes de subir al coche, se volvió una última vez.

—Cuida de tu hijo.

Roman miró hacia la ventana, donde Ethan estaba ayudando a recoger los platos.

—Eso intento.

—No. —Harper sonrió suavemente—. Sigue intentándolo incluso cuando sea difícil.

Roman asintió.

—Te lo prometo.

Epílogo: La mujer que se detuvo

Cinco años después, Harper Lane cruzó las puertas de un hospital de Boston con una bata blanca y una credencial que llevaba su nombre.

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