También había comenzado a revisar sus negocios y a distanciarse de actividades que mantenían a su familia atrapada en un mundo de miedo y secretos. Algunas decisiones tendrían consecuencias legales y económicas. Otras exigirían años de trabajo.
No podía borrar su pasado.
Pero, por primera vez, estaba dispuesto a enfrentarlo.
Una tarde, Ethan le hizo una pregunta mientras cenaban.
—Papá, ¿alguna vez vas a dejar de tener enemigos?
Roman dejó el tenedor sobre el plato.
—No lo sé, hijo.
—¿Y qué vas a hacer si alguien vuelve a intentar hacerme daño?
Roman tardó en responder.
En otro tiempo habría dicho que encontraría al responsable y se encargaría personalmente de él.
Ahora comprendía que aquella respuesta solo enseñaría a su hijo a vivir con más miedo.
—Voy a asegurarme de que estés protegido. Voy a pedir ayuda cuando la necesite y voy a hacer todo lo posible para que puedas vivir sin tener que preocuparte por los problemas de los adultos.