Ethan tardó unos segundos en responder.
—Sí. Mi tío dijo que papá nunca sabría lo que había pasado.
Roman se levantó de golpe.
La silla cayó hacia atrás.
—Voy a encontrarlo.
Harper se interpuso entre él y la puerta.
—¿Y después qué?
Roman la miró con incredulidad.
—¿Qué quieres decir?
—Tu hijo acaba de contarte que creyó que iba a morir. ¿Vas a salir corriendo a buscar venganza y dejarlo otra vez aquí, preguntándose si su padre volverá?
Roman abrió la boca, pero no encontró respuesta.
Harper continuó:
—Si quieres protegerlo, quédate. Deja que los investigadores hagan su trabajo. Demuéstrale que no tiene que vivir con miedo a lo que tú puedas hacer cuando estás enfadado.
El silencio se prolongó.
Finalmente, Roman volvió a sentarse.
—Tiene razón, detective. Haré todo lo necesario para que se investigue lo ocurrido.
El detective asintió.