Roman la esperaba en el vestíbulo.
Llevaba el mismo traje oscuro de la noche anterior, aunque ahora tenía el rostro cansado y una sombra de barba en la mandíbula.
—Gracias por venir.
—¿Cómo está Ethan?
—Tiene varias costillas fracturadas, una conmoción cerebral y lesiones en la cara. Los médicos dicen que debería recuperarse, pero tendrá que quedarse ingresado unos días.
Harper sintió que se le aflojaban los hombros.
—¿Y qué ha dicho sobre su tío?
Roman miró alrededor antes de responder.
—Está asustado. Y eso me preocupa más que cualquier otra cosa.
Caminaron por un pasillo hasta una habitación privada.
Ethan estaba despierto, con un vendaje en la frente y el brazo sujeto a una vía intravenosa. Cuando vio a Harper, su rostro se iluminó.
—¡Señorita Lane!
—Hola, muchacho.
Se acercó a la cama.
—¿Cómo te encuentras?