Mi esposo dijo que se marchaba dos años a Canadá. En cuanto se fue, tomé una decisión que cambió todo

No quería vengarme. Quería recuperar el control de mi vida.

Mientras tanto, Adrián seguía con su papel. Me escribía mensajes cariñosos, hablaba del frío canadiense y me pedía que cuidara la casa durante su ausencia. Yo respondía con normalidad. Él no sospechaba nada.

Cuando volví del aeropuerto, la casa estaba en silencio. En una repisa del salón seguía nuestra foto de boda. Adrián sonreía mientras me tomaba de la mano.

La observé unos segundos. La mujer de aquella fotografía pensaba que se había casado con su mejor amigo.

Guardé la imagen en un cajón y entré en el despacho. Allí estaban los documentos preparados con mi abogada. El proceso para proteger los fondos heredados ya estaba en marcha, conforme a los procedimientos legales, y las demás cuentas quedarían sujetas a revisión.

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