Conservé los documentos porque temía que algún día alguien intentara borrar también aquella historia.
Si habéis llegado hasta aquí, buscad el informe que lleva la fecha del 14 de noviembre de 1977. Allí encontraréis el nombre que falta».
Buscamos entre los papeles hasta encontrar el informe.
Al leerlo, Elizabeth se llevó una mano a la boca.
No se trataba de otro secreto sobre nuestra familia. El documento mencionaba una investigación que nunca llegó a juicio y contenía el nombre de un hombre que mi padre había conocido durante muchos años.
Un hombre que seguía vivo.
Un hombre que, según los documentos, había ayudado a encubrir lo sucedido.
Nos miramos sin saber qué hacer.
Por primera vez comprendimos que la mentira no había sido obra de una sola persona. Había sido sostenida por varios adultos que eligieron el silencio mientras nosotras crecíamos sin conocer nuestros propios orígenes.