Lena bajó la mirada.
—Nunca les pedí que me llamaran así. Sucedió de forma natural.
Margaret cruzó los brazos.
—Pero tampoco los corrigió.
—¿Debía apartarlos cuando buscaban consuelo?
Me quedé en silencio.
Desde la muerte de Claire, mi esposa, nuestra casa había perdido toda su alegría. Los gemelos apenas tenían cuatro meses cuando perdieron a su madre.
Para escapar de mi dolor, me refugié en el trabajo. Pasaba los días en la oficina y dejaba que otros cuidaran de mis hijos.
Lena había llegado durante aquella etapa.
Nunca intentó ocupar el lugar de Claire. Simplemente les ofreció a los niños cariño, paciencia y una presencia que los hacía sentir seguros.
Y yo casi no me había dado cuenta.
—Margaret, quiero saber por qué te empeñas tanto en mantener a Lena alejada de ellos.
Dudó antes de responder.
—Temía que los niños se encariñaran con alguien que quizá algún día se marchara.