Mi marido vendió mi casa de tres millones de dólares mientras yo daba a luz. Pero no sabía quiénes eran realmente los compradores.

Nunca puse en duda su explicación.

—Detrás de la pared oeste —precisó Elaine—. Hay un antiguo pasadizo.

Theresa se puso pálida.

—No deben ir allí.

Adrian la miró fijamente.

—¿Sabes qué hay en esa habitación?

Ella retrocedió.

En ese momento, un pitido electrónico sonó dentro de su bolso.

Rachel vio un teléfono encendido.

En la pantalla, una cuenta regresiva avanzaba.

00:58… 00:57… 00:56…

—Theresa, ¿qué has activado? —preguntó Rachel.

La mujer sonrió.

—Nunca debieron desenterrar el pasado.

Un ruido metálico resonó bajo el suelo.

Las luces parpadearon.

Lily se despertó llorando.

Elaine gritó desde el teléfono:

—¡Danielle, sal de esa casa ahora mismo!

Entonces se oyó un segundo ruido.

La puerta del sótano se abrió lentamente.

Una corriente de aire helado subió por las escaleras.

Y, de pronto, escuchamos algo imposible.

Un teléfono estaba sonando.

Theresa dejó de sonreír.

—No puede ser…

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