Mark palideció.
Pero la sorpresa más grande aún estaba por llegar.
—Identificamos la cuenta asociada al pago —continuó Elaine—. Está a nombre de Theresa Collins.
Mark se volvió bruscamente hacia su madre.
—Me dijiste que el dinero pasaría por una empresa.
Theresa levantó la barbilla.
—Era necesario para proteger la operación.
La mujer del portafolios dio un paso al frente.
—Me llamo Rachel Bell. Trabajo para una empresa privada especializada en investigaciones financieras.
El hombre también se presentó:
—Adrian Vale.
Mark los miró fijamente.
—¿Entonces no son simples compradores?
—Mi empresa sí presentó una oferta —respondió Adrian—. Pero, sobre todo, queríamos descubrir quién estaba organizando realmente esta transacción.
Rachel abrió su carpeta.
El nombre de Theresa aparecía en varias operaciones financieras y disputas inmobiliarias que se remontaban a once años atrás.
Entre las personas mencionadas figuraba Daniel Price, un hombre con quien Theresa había salido tiempo atrás.