PARTE 2 / Todos observaron en silencio….

»Si pudiera cambiar mi vida por la suya, lo haría.

»Pero sé que decirlo no significa nada.

»Lo siento.

»Marcus».

Doblé la carta lentamente.

No había una confesión secreta que pudiera absolverlo. No había un segundo conductor ni una conspiración ni una explicación milagrosa.

Había un muchacho que había bebido, había conducido y había matado a mi hija.

Y había una familia que nunca volvería a ser la misma.

El fiscal se levantó.

—Su Señoría, con todo el respeto, esta carta no cambia los hechos. El acusado admitió su responsabilidad. Conducía bajo los efectos del alcohol y superaba ampliamente el límite de velocidad. Una joven de diecisiete años está muerta.

—Lo sé —respondí.

El fiscal me miró con sorpresa.

—Entonces no entiendo qué pretende demostrar el señor Patterson.

Me volví hacia él.

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