Sentí un nudo en la garganta.
—No he dicho que no esté enfadado contigo, Marcus. Y quizá haya días en los que vuelva a estarlo mucho.
Él asintió.
—Lo entiendo.
—Pero no quiero pasar el resto de mi vida odiándote. Ya he perdido demasiado tiempo con el dolor.
Marcus lloró en silencio.
—Voy a intentar ser mejor.
—Eso espero.
Un funcionario se acercó para acompañarlo.
Antes de marcharse, Marcus se volvió una última vez.
—Si alguna vez tiene la oportunidad de visitar a mi madre, dígale que lo siento.
Su madre se levantó inmediatamente.
—¡Marcus!
Los funcionarios lo condujeron hacia la salida.
Ella se quedó allí, llorando, hasta que las puertas se cerraron.
Yo no sabía qué le diría si algún día nos encontrábamos.
No sabía si volvería a sentir compasión por ella o si aquel día me resultaría demasiado doloroso.