Busca los documentos originales.
Y, por favor, no permitas que el orgullo destruya lo que todavía pueda salvarse».
No había firma.
Ni fecha.
Ni explicación.
Levanté la vista hacia Daniel.
—Esto no demuestra nada.
—Lo sé —respondió él.
Pero su expresión había cambiado.
—¿Quién la envió?
—No lo sé.
Thomas examinó el sobre.
—Esto llegó a la casa hace varios años. Nunca supe qué contenía. Lo guardé porque pensé que era correspondencia personal.
Miré el matasellos una vez más.
Algo no encajaba.
No podía afirmar que aquella carta estuviera relacionada con lo que había ocurrido ocho años antes. Tampoco podía descartar que alguien hubiera intentado influir en la manera en que Daniel entendía nuestro divorcio.
Y, por primera vez aquella tarde, no fui la única que quiso conocer la verdad.
Capítulo 7: La promesa que no podía comprar
La cena de Navidad terminó celebrándose, aunque de una manera muy distinta a la que Margaret había planeado.