Ethan se acercó a su hermano.
—También dice que, si alguien comete un error, tiene que decir la verdad.
Sophia tomó la mano de Olivia.
Los cuatro se quedaron mirando a Daniel.
No exigían dinero.
No exigían regalos.
No sabían nada de su carrera, sus medallas o su posición.
Solo querían una explicación que pudieran comprender.
Daniel intentó sonreír.
—Cometí un error.
Noah lo observó con seriedad.
—¿Un error de ocho años?
Daniel dejó de sonreír.
Por primera vez aquella tarde, vi que no tenía una respuesta preparada.
—Sí —susurró—. Un error de ocho años.
Noah pareció reflexionar sobre ello.
—Entonces debes de estar muy triste.
Daniel se cubrió la boca.
Aquellas palabras, pronunciadas sin rencor, lo desarmaron por completo.
Porque un niño de ocho años todavía podía imaginar que su padre sufría por no haber estado presente.