Ella tragó saliva.
—¿Y por qué te invitó hoy?
La pregunta quedó suspendida en el aire.
Yo también quería saberlo.
Margaret respondió antes que su hijo.
—Fui yo quien insistió en que la invitara.
Todos la miraron.
Sus manos temblaban.
—Daniel me dijo que Kesha estaba sola, que había pasado años sin rehacer su vida y que quizá necesitaba despedirse de nosotros definitivamente. Pensé que… pensé que podríamos cerrar aquella etapa.
—¿Despedirse de nosotros? —repetí.
Margaret bajó la cabeza.
—Me dijo que no había tenido hijos.
Sophia levantó la mirada.
—Pero aquí estamos.
Margaret empezó a llorar.
—Sí, cariño. Aquí estáis.
No sentí satisfacción al verla sufrir.
Había imaginado muchas veces cómo sería el día en que la familia Reynolds descubriera la verdad. En algunas de esas fantasías, yo pronunciaba un discurso perfecto y todos se disculpaban.