PARTE 2 — LA MUJER EQUIVOCADA

Mientras tanto, Felipe regresó desesperadamente a su empresa.

Buscó a Rebeca entre los empleados.

Su escritorio estaba vacío.

Su computadora había desaparecido.

—¿Dónde está Rebeca? —preguntó al encargado de recursos humanos.

El hombre pareció sorprendido.

—Señor, ella presentó su renuncia hace cuatro días.

Felipe quedó inmóvil.

—¿Qué?

—Dijo que usted había autorizado su salida.

El encargado le entregó una copia.

La firma de Felipe aparecía al final.

Pero él nunca había firmado aquel documento.

Esa misma tarde, la madre de Rebeca llegó a la morgue.

Se llamaba Patricia Salazar.

Cuando vio el tatuaje, comenzó a llorar.

—Es mi hija…

Felipe sintió un escalofrío.

Patricia lo miró con odio.

—¡Usted le prometió que se casaría con ella!

—Señora, yo no sabía…

—¡Mi hija estaba embarazada!

Felipe retrocedió.

—Eso es imposible.

Patricia sacó una fotografía.

Rebeca aparecía sonriendo mientras sostenía una prueba de embarazo.

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