Después llegó una fotografía.
Isabel estaba en el pasillo rojo la noche del atentado.
Y en el reflejo de un cuadro aparecía Mateo.
Tenía 7 años entonces.
Sostenía un pequeño dispositivo de grabación.
Mi hijo miró la foto y comenzó a temblar.
Después señaló al hombre reflejado detrás de su madre.
Sus labios se movieron.
Y por primera vez comprendí que Mateo no había olvidado aquella noche.
Había pasado 14 meses intentando sobrevivir a lo que recordaba.
Parte 3
Mateo cerró los ojos.
«Mamá dijo… guarda.»
Elena se arrodilló junto a él.
«¿Guardar qué?»
Mateo señaló el dispositivo de la fotografía.
Tomás perdió el color del rostro.
Lo observé.
«Tú sabes dónde está.»
No respondió.
«Tomás.»
Finalmente bajó la cabeza.
La noche del atentado, Isabel había entregado aquel pequeño grabador a Mateo.
Le había dicho que buscara a Tomás.