Cuando la bomba explotó, él encontró a mi hijo bajo una sección caída de la pared y lo sacó entre humo y escombros.
También encontró el dispositivo.
Y me lo ocultó.
«Me mentiste durante 14 meses.»
«Sí.»
Mi cuerpo entero quería golpearlo.
«¿Por qué?»
Tomás miró a Mateo.
«Porque Isabel me hizo prometer que no permitiría que el niño se convirtiera en parte de tu guerra.»
Me acerqué hasta quedar frente a él.
«Ella murió y decidiste ocultarme la única prueba que podía explicar por qué.»
«Porque sabía exactamente qué habrías hecho si te la entregaba esa noche.»
No pude responder.
Los dos conocíamos la respuesta.
Habría llenado Rhode Island de cadáveres antes de hacer una sola pregunta.
Tomás sacó el dispositivo de una caja de seguridad.
Mateo pidió escucharlo.
La voz de Isabel llenó la biblioteca.