Sentí que la sangre se me congelaba.
—¿Por qué?
Lorenzo bajó la mirada.
—Eso es lo que estamos intentando descubrir.
A la mañana siguiente, Giovanni me pidió que acudiera a su habitación.
Cuando entré, tenía una fotografía sobre las rodillas.
Era una imagen antigua.
Mostraba a una mujer joven sosteniendo a un bebé.
La mujer tenía mi mismo cabello oscuro.
Mis mismos ojos.
Y una sonrisa que reconocí inmediatamente.
Era mi madre.
Sentí que el corazón comenzaba a golpearme el pecho.
—¿Dónde conseguiste esto?
Giovanni comenzó a escribir.
Las palabras aparecieron lentamente.
TU MADRE.
Asentí.
—Sí. Es mi madre.
El anciano cerró los ojos.
Después escribió otra frase.
LA CONOCÍ.
Me quedé inmóvil.
—¿Conociste a mi madre?
Dos parpadeos.
Sí.
Mi respiración comenzó a acelerarse.
—¿Cómo?
Giovanni tardó varios minutos en responder.
Finalmente apareció una frase.
ELLA TRABAJÓ AQUÍ.