—¿Quién es? —pregunté.
Lorenzo sonrió tristemente.
—Mi madre.
Me acerqué.
—Se parece mucho a usted.
Él bajó la mirada.
—Murió cuando yo tenía diez años.
Giovanni comenzó a mover los ojos hacia la pantalla.
Aparecieron unas palabras.
NO FUE ACCIDENTE.
Lorenzo se quedó completamente inmóvil.
—¿Qué?
Giovanni repitió el mensaje.
NO FUE ACCIDENTE.
Sentí un escalofrío.
Lorenzo se inclinó hacia su padre.
—Papá, ¿qué estás intentando decirme?
El anciano tardó varios minutos en responder.
Finalmente apareció una frase.
EL HOMBRE QUE LA MATÓ SIGUE AQUÍ.
El silencio se volvió insoportable.
Lorenzo se puso de pie.
—¿Quién?
Giovanni intentó escribir.
Sus ojos se movían lentamente.
Pero antes de terminar, comenzó a fatigarse.
El terapeuta recomendó detener la sesión.
Lorenzo estaba pálido.
—Papá, por favor…
Le puse una mano sobre el brazo.
—Necesita descansar.
Él me miró.
Por primera vez vi miedo en sus ojos.