Gabriel frunció el ceño.
—¿El tío Antonio?
Salvatore asintió.
—El mismo hombre que murió hace treinta años.
Durante horas revisaron los documentos.
Finalmente Gabriel encontró una anotación fechada pocos días antes de la muerte de su madre.
La señora Rossi había fallecido en un supuesto accidente automovilístico.
Pero el cuaderno contenía una referencia a un pago realizado al conductor involucrado.
Salvatore se quedó completamente inmóvil.
—No puede ser…
Gabriel apretó los puños.
—¿Quién autorizó ese dinero?
Su padre levantó lentamente la mirada.
—Alguien que todavía está vivo.
Esa noche, mientras regresaba a mi apartamento, recibí una llamada desconocida.
—Tessa —dijo una voz masculina—, deja de ayudar a los Rossi.
Me detuve en mitad de la acera.
—¿Quién habla?
—Alguien que conocía muy bien a Giuseppe Cosenza.
Sentí que el corazón comenzaba a golpearme.
—¿Qué quiere?