—No estoy haciendo un espectáculo.
—Entonces retire esa cosa.
Renata respiró profundamente.
—Por favor, director. Solamente quiero que cruce conmigo cuando me entreguen mi diploma.
Escuché algunas risas detrás de nosotros.
El director elevó la voz.
—No voy a permitir semejante falta de respeto.
—No le estoy faltando al respeto.
—O deja ese cartón fuera del gimnasio o no participará en la ceremonia.
Sentí que el corazón me golpeaba.
—Señor director…
Comencé a levantarme.
Estaba a punto de discutir.
A punto de decirle que no podía humillar así a mi hija frente a todo el mundo.
Pero Renata volteó hacia mí.
No dijo nada.
Solamente negó suavemente con la cabeza.
Recordé mi promesa.
Me senté.
Y ésa fue la primera decisión de aquella mañana de la que después me arrepentí.
Porque no me senté solamente para respetar lo que mi hija había pedido.