MI HIJA LLEVÓ UNA FIGURA DE CARTÓN DE TAMAÑO REAL A SU GRADUACIÓN Y MÁS DE DOSCIENTAS PERSONAS SE BURLARON DE ELLA.

Me detuve frente a ella.

Observé el rostro de aquel muchacho de quince años.

El uniforme.

La sonrisa.

La toga azul que Renata había colocado con tanto cuidado.

Y pensé en todas las personas que aquella mañana se rieron sin saber lo que estaban viendo.

Creyeron que mi hija estaba haciendo el ridículo.

Creyeron que había llevado una broma a su graduación.

Creyeron que el director tenía razón al exigirle que retirara aquella figura.

Yo también sentí vergüenza.

Yo también quise que todo terminara rápidamente.

Pero Renata sabía algo que nosotros ignorábamos.

No estaba llevando un pedazo de cartón a su graduación.

Estaba llevando el lugar vacío de un compañero.

El lugar que debería haber ocupado Emiliano.

Y dentro de aquella toga llevaba una prueba que podía devolverle algo que le habían quitado.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *