MI HIJA LLEVÓ UNA FIGURA DE CARTÓN DE TAMAÑO REAL A SU GRADUACIÓN Y MÁS DE DOSCIENTAS PERSONAS SE BURLARON DE ELLA.

Porque durante años me sentí orgullosa de haber criado a una hija responsable.

Una hija educada.

Una hija que no causaba problemas.

Pero aquella mañana descubrí que, sin darme cuenta, también le había enseñado a tener miedo de incomodar a los demás.

Le había enseñado que a veces era mejor guardar silencio para evitar conflictos.

Y Renata tuvo que aprender por su cuenta que hacer lo correcto puede significar precisamente lo contrario.

Hablar.

Insistir.

Entregar un documento aunque tu madre te haya dicho que no.

Buscar a alguien que todos los demás olvidaron.

Y subir a un escenario con una figura de cartón mientras doscientas personas se burlan de ti.

Hace poco encontré a Renata revisando unas fotografías de su graduación.

En casi todas aparecía sonriente junto a sus amigas.

Pero había una imagen que me hizo detenerme.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *