MI HIJA LLEVÓ UNA FIGURA DE CARTÓN DE TAMAÑO REAL A SU GRADUACIÓN Y MÁS DE DOSCIENTAS PERSONAS SE BURLARON DE ELLA.

Bajé la mirada.

—Lo sé.

Ofelia negó suavemente con la cabeza.

—No, señora. Creo que apenas está empezando a entenderlo.

Aquellas palabras me dolieron.

Porque eran ciertas.

Yo había conocido la historia desde lejos.

Había escuchado que un muchacho problemático fue expulsado.

Y había continuado con mi vida.

Ofelia, en cambio, había tenido que acompañarlo cuando dejó de querer salir de casa.

Cuando perdió la confianza.

Cuando comenzó a creer que no importaba lo que dijera porque los adultos siempre decidirían quién era él.

No le pedí que me contara más.

Había cosas que no me correspondía convertir en una historia para tranquilizar mi conciencia.

Tiempo después conocí personalmente a Emiliano.

Renata lo invitó a comer.

Llegó con una camisa sencilla y las manos todavía marcadas por el trabajo en el taller.

Era un muchacho alto.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *